Por: Redacción

La inteligencia artificial ya genera beneficios para una amplia mayoría de las empresas en México, pero demostrar el impacto económico de estas iniciativas continúa siendo uno de los principales retos para las organizaciones.

De acuerdo con el estudio Global AI Pulse Q2 2026, elaborado por KPMG, organización global de servicios profesionales que ofrece servicios de auditoría, impuestos y asesoría, 78% de las organizaciones en México señala beneficios de la inteligencia artificial en productividad, ahorro de costos y toma de decisiones. Sin embargo, solo 7% reporta haber consolidado un retorno de inversión (ROI) de sus iniciativas de IA. 

La diferencia entre ambos indicadores refleja un cambio en la conversación empresarial: la pregunta ya no es únicamente si una tecnología funciona, sino si está generando un resultado que la organización pueda medir y justificar.

El estudio muestra que la adopción también avanza con rapidez. En México, la proporción de organizaciones en una fase activa de adopción de IA pasó de 17% a 26% en un trimestre. Al mismo tiempo, 50% de las empresas reportó haber tenido que replantear despliegues cuando los costos comenzaron a superar el valor esperado.

Este escenario obliga a las organizaciones a mirar la tecnología desde una perspectiva más amplia. La implementación de una herramienta no constituye por sí misma un resultado empresarial: el impacto depende de cómo se integra a los procesos, los datos y la toma de decisiones de cada compañía.

“El verdadero desafío no está en incorporar tecnología, sino en identificar dónde puede generar un cambio relevante para el negocio y establecer desde el principio cómo se va a medir ese cambio”, señala David Lati, CRO de LDM.

La medición del valor adquiere especial relevancia conforme las empresas amplían sus inversiones. KPMG señala que las organizaciones que incorporan mecanismos de control de costos y revisiones dentro de sus procesos de aprobación tienen cinco veces más probabilidades de reportar un ROI consolidado. 

El reto tampoco se limita a la inteligencia artificial. La aceleración tecnológica está poniendo bajo presión a sistemas, procesos y estructuras que durante años funcionaron de manera independiente. La disponibilidad y calidad de los datos, la integración entre sistemas, la definición de responsabilidades y la capacidad de medir resultados se convierten en condiciones necesarias para que una inversión tecnológica produzca valor.

De hecho, 38% de las organizaciones mexicanas encuestadas por KPMG reporta contar únicamente con una visibilidad parcial sobre el gasto asociado al consumo de IA. El dato muestra que incluso cuando la tecnología ya está incorporada a las operaciones, las empresas todavía enfrentan dificultades para conocer con precisión cuánto invierten y qué retorno obtienen.

La siguiente etapa de la adopción tecnológica, por tanto, no estará determinada únicamente por cuántas herramientas incorporen las empresas, sino por su capacidad para vincular tecnología con objetivos concretos, medir resultados y ajustar las inversiones cuando el valor esperado no se materialice.

La tecnología puede acelerar un proceso, automatizar una tarea o facilitar una decisión. La responsabilidad empresarial está en determinar qué cambio necesita realmente la organización y cómo comprobar que ocurrió.

Por admin

Deja un comentario