De la mano del Consumer Experience, concepto que ha tomado fuerza después de la pandemia por el incremento exponencial de las compras en línea, ha crecido también el Direct to Consumer. Mejorar la experiencia al consumidor y tener una relación directa con él ya no es sólo un objetivo secundario para las empresas, sino una necesidad esencial para desarrollar o rediseñar sus negocios.

Asimismo el Direct to Consumer, que puede traducirse como «Directo al Consumidor», hace referencia a la compra directa de un producto sin la intervención de terceras partes como distribuidores o proveedores.

Esta modalidad, también conocida en el mundo del marketing como D2C, permite que los productores puedan comercializar sus productos sin la necesidad de un distribuidor como intermediario. El Direct to consumer significa ser el dueño absoluto de la relación con el cliente, aprovechar esa relación al máximo para crear experiencias más personalizadas para él, y mayor retorno de inversión para la empresa.

Sin embargo, un reciente reporte de Forbes, las marcas D2C han visto una caída sólo del 20% a raíz de la pandemia, comparado con los minoristas tradicionales que han visto disminuir sus ventas un 80%. Otros estudios, como el Direct-to-Consumer Purchase Intent Index, también avalan las tendencias a favor del Direct to consumer: se espera que más del 80% de los consumidores finales realicen al menos una compra a través de una marca D2C en los próximos 5 años.

Esta tendencia de D2C requiere que las marcas implementen estrategias que funcionan, en buena medida, gracias a los avances tecnológicos de las máximas herramientas de la era digital: la logística. Según los expertos de Picap, plataforma que ofrece soluciones logísticas en América Latina, «las marcas están apostando a generar una experiencia directa entre el producto y el consumidor final, sin depender de los canales tradicionales. Principalmente, vemos esta tendencia en marcas de consumo masivo como Pepsi, Nike, Kraft, quienes ya están haciendo la diferencia», aseguran.

Las empresas continúan enfocadas en ofrecer un producto final de calidad y una gran experiencia al consumidor, pero también quieren responder a la mayor necesidad del cliente (inmediatez) y obtener beneficios tangibles al arrancar el negocio y cuando crece su capacidad de operación.

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